Moda Fiscal
Una presentación reciente de Hacienda y otra del Banco Central destacan lo mismo: el estímulo fiscal implementado en Chile para atenuar la crisis es el quinto más grande del mundo en relación al PIB. La moda fiscal es global. Por doquier el tamaño del gasto público es exhibido como muestra de buena política anti crisis. Desde la academia, sin embargo, los aplausos no abundan. La experiencia durante el siglo XX explica por qué.
Primero, los datos muestran que el gasto fiscal ha tenido mínimo efecto en revitalizar recesiones anteriores. Su impacto es generalmente tardío, llegando cuando la crisis ya fue superada. Ayer, por ejemplo, Paul Krugman - impulsor de estas políticas - reconoce en su columna semanal que en EEUU el efecto ha sido menor; claro, desde la vereda fiscal, Krugman pide más gasto, a pesar de que ya fueron anunciados casi US$ 300 mil millones. Varios de los trabajos académicos que demuestran la ineficacia del estímulo público fueron autoreados por Christina Romer mientras era profesora en Berkeley. Interesantemente, hoy ella promueve estos paquetes fiscales como jefe del Comité de Asesores Económicos de Obama.
Pero el principal problema del estímulo fiscal no es su ineficacia; es que, demasiado gasto, demasiado malo, acabe profundizando y alargando la crisis. Porque puede ser una muy buena idea que el Estado construya caminos, pero siempre y cuando estos lleven a algún sitio. De lo contrario, corremos el riesgo de crear estaciones ferroviarias sin trenes, puentes que se caen, o sistemas de transporte público que reducen la calidad de vida de millones de personas. Sin un diseño y mecanismos de evaluación adecuados, la política fiscal puede ser un remedio con efectos secundarios peores que el mal que intenta curar. Varias décadas de investigación macroeconómica lo han corroborado: el impulso fiscal indiscriminado acaba reduciendo la eficiencia agregada, única fuente de crecimiento sostenido. Las crisis, por el contrario, deberían ser una oportunidad para implementar reformas micro que eleven permanentemente la capacidad productiva.
Así las cosas, el rol de la política de estabilización debería supeditarse a lo monetario. La historia es simple: crisis como la actual se acompañan por un inusual apetito por liquidez que, si no es saciado, arriesga la interrupción del sistema de pagos y la paralización de la economía. Los Bancos Centrales deben proveer esta liquidez, algo que no hicieron durante la Gran Depresión y que sí han hecho durante esta depresión. Pero la lección aprendida en materia monetaria ha sido desdeñada en lo fiscal. Porque repitiendo el error de los años 30, hoy los gobiernos sucumben ante la popularidad de beneficios inmediatos aunque breves, desestimando los costos posteriores. Por ejemplo, tres editoriales recientes en el The Economist han llamado a la prudencia, recordándonos que la inflación y los mayores costos de endeudarse podrían estar a la vuelta de la esquina.
Y Chile ha imitado lo bueno y lo malo. Nuestro Banco Central redujo con determinación su tasa de política, dejándola esta semana en un histórico 0,5%, e implementando por primera vez medidas cuantitativas complementarias para promover una reducción adicional de las tasas de mercado. Esto es lo bueno.
En materia fiscal, sin embargo, sólo los gastos ya comprometidos para este año representan casi 40% de todo lo ahorrado durante los años de bonanza. Complicado si consideramos que la recuperación mundial es aún una quimera y que en materia laboral, incluso si la crisis se estabiliza, lo peor está por venir. Y de evaluación ex ante y ex post de este mayor gasto, poco hemos escuchado.
Pero por sobre todo, complicado por sus implicancias para la política social, porque sin recursos adicionales no sólo será difícil mantenerla, mucho más será profundizarla y ampliarla a la clase media. De hecho, hoy se estima que durante el próximo gobierno el gasto público no podrá crecer más de 4% por año; durante los primeros tres años de este gobierno, la expansión fiscal anual fue cercana a 8% y este año rondará el 15%. Los nuevos recursos necesarios sólo pueden venir de un mayor crecimiento: la tarea es doblar las tasas alcanzadas durante este gobierno. Poco o nada de lo hecho recientemente ayudará a que ello ocurra.
Profesor Asociado
Departamento de Economía.
Facultad Economía y Negocios
Universidad de Chile.