Abramos la discusión a las redes
Las empresas de menor tamaño (EMT) hoy tienen el desafío de actualizarse y de reemplazar las oportunidades que han pedido debido a que nuestro país también ha cambiado. Debe rehacer la historia para entender los errores y diseñar soluciones como las que han afectado otros países. En Estados Unidos acaban de rescatar a las empresas de este tipo por su relevancia en el empleo, menos del 1% mientras que nosotros como país no hemos ayudado a un sector que representa el 80% de empleo.
Asimismo, y especialmente, los dirigentes gremiales deben entender que cuando les cambiaron las condiciones y los dejaron fuera del mercado, y ahí debieron reclamar. Sin embargo, como fue un cambio gradual quizás no se dieron cuenta.
Se necesitan políticas para mejorar la educación y la competitividad de las empresas de menor tamaño. En este sentido, falta una visión de largo plazo, un compromiso por hacer un Chile bueno para todos.
Las respuesta está en nuevas plataformas para conectar las habilidades locales, generando asociatividad para abordar negocios y mercados complejos. El Estado debe brindarles todo el apoyo necesario con una visión de 20 años, que respalde, por ejemplo, el fomento de las plantaciones forestales o la fabricación de nuevos calzados.
Del mismo modo, una buena política es la reconversión, medida que en Chile casi no existe. Como Centro de Innovación para el Desarrollo estamos logrando por primera vez recursos para acercarnos a algunos operadores de nicho y decirles que en nuestro país podemos hacer productos interesantes para otros países.
El Estado debiera crear fondos para convertir estas iniciativas en políticas que pudieran operar con rapidez y desde una perspectiva más amplia, antes que otros tomen las oportunidades. Si se lograra, Chile tendría una nueva estrategia de desarrollo que le permitiría transformar los materiales que hoy exporta en soluciones, capturar para el valor que se crea con ellos en el extranjero y alcanzar un nuevo estadio de desarrollo.
Los instrumentos de fomento que existen en la actualidad no son adecuados para impulsar estos nuevos intentos. Exigen que se formen consorcios privados que aporten la mitad de los recursos. Del mismo modo, los fondos de capital de riesgo tampoco apuestan a emergentes. Así se ve que el resultado en este sentido es que la economía depende de unos pocos negocios consolidados. Las empresas de menor tamaño no pueden crecer con el costo del crédito, pues cuando lo necesitan terminan pagándole al banco sobre el 20 por ciento de interés anual, mientras que una empresa de mayor tamaño paga un interés del 4 por ciento anual.
Si el país quiere prosperar tiene que invertir en una inteligencia estratégica que debiera apoyar a cada industria, para que ésta evolucionara y fuera más competitiva que la de otros países. Debieran existir concursos nacionales de ideas para derrotar el desempleo, la inequidad, la mala calidad de la educación, la delincuencia, con premios y recursos para implementarlas. Se requiere innovar en la forma de gobernar, abrir las discusiones a las redes, sacar el control de las cúpulas, instalar la urgencia de resolver los problemas.
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La Nación.
Octubre 2009
Francisco Arroyo.
Director ejecutivo
Centro de Innovación para el Desarrollo
Departamento Control de Gestión y Sistemas
De información Facultad de Economía y Negocios,
Universidad de Chile