¿La toma de decisiones es emocional o racional?
Una de las situaciones a la que un emprendedor se ve permanentemente enfrentado, es a la toma de decisiones. Sin embargo, tomar decisiones tiene asociado siempre la posibilidad de cometer errores, y como ya hemos dicho en los números anteriores, el error “responsablemente cometido” debe ser valorado como fuente de aprendizaje. Si conectamos error y toma de decisiones, debemos preguntarnos si existe o no una forma en que al tomar decisiones podamos reducir la probabilidad de equivocarnos. La respuesta es sí, pero no debemos olvidar que nadie podrá nunca eliminar la posibilidad de equivocarse, sólo podremos reducir esa probabilidad y deberemos continuar aprendiendo de nuestros errores.
Además de aquellos aspectos evidentes que debemos tener en consideración en el Proceso de Toma de Decisiones (PTD), como es la exploración y entendimiento del problema, existen dos aspectos centrales que debe tener en consideración una persona que quiere ser responsable al tomar decisiones. Primero que todo, no podemos olvidar que las situaciones que enfrentamos las interpretamos desde nuestras conjeturas y paradigmas, por lo tanto las vemos como nosotros somos y no necesariamente como realmente ellas son. Es por eso que un aspecto central y fundamental en el PTD, sobre todo frente a decisiones de situaciones complejas, es comprender que debemos buscar ayuda en ese entendimiento, en personas distintas a mí, pues son ellas las que probablemente puedan ver aspectos en esa situación que yo no logro ver.
No sé si les ha tocado estar en organizaciones en las que la gran mayoría de sus miembros proviene de un mismo grupo sociocultural y económico, por ejemplo. Pertenecen a ciertos grupos de familias, estudiaron en un tipo particular de colegio y finalmente hasta estudiaron en la misma Universidad. Como es de esperar, tienen gustos similares, visitas los mismos lugares y hasta sus ropas los delatan al parecer algo así como uniformados. Claro, son un grupo uniforme, donde esa característica les lleva a comprender de la misma forma una situación específica, por lo que se refuerzan entre ellos un mismo entendimiento del problema.
Lo anterior es altamente riesgoso para el PTD. Sin duda es mucho mejor que se complementen visiones, por lo que la diversidad, la tolerancia y el respeto a la opinión de otros, pasa a ser un factor clave, yo diría fundamental. Debemos aprender a darnos cuenta, que siempre observamos por el “lente empañado” de nuestras conjeturas y paradigmas y por lo tanto, un buen tomador de decisiones, debe tener claro que puede estar equivocado, pero esa situación no puede llevar a frenarnos frente al PTD y transformarnos en decidofóbicos (tenerle fobia a la toma de decisiones), pues un emprendedor es por sobre todo un tomador de decisiones.
La diversidad, tolerancia y respeto, aprendida desde pequeño, nos ahorrará grandes dolores de cabeza y errores en nuestra vida profesional y si aún no la practicamos nunca es tarde para comenzar.
El segundo aspecto fundamental, que toda persona debe tener claro, si quiere ser un buen tomador de decisiones, es que el PTD debe estar definido en el dominio de la racionalidad y no en el de las emociones. El tomar decisiones es un acto responsable y en muchos casos también un acto de generosidad, cuyos resultados pueden afectar a otras personas en el entorno de la decisión que estoy tomando, empleados, alumnos, hijos, amigos, se pueden ver afectados con nuestras decisiones, por lo que no pueden quedar sometidas a las emociones. Incluso cuando elegimos según nuestras preferencias o gustos, estamos eligiendo racionalmente.
¿Cómo saber si estoy decidiendo con la emoción o con el razonamiento? Haga el simple siguiente ejercicio y pregúntele a un amigo fanático del fútbol, quién saldrá campeón en este campeonato de fútbol. Como si nada le dirá, que ganará su equipo favorito. Pregúntele ahora cuanto está dispuesto a apostar por ello y generalmente el monto de la apuesta será pequeño, ya que su amigo habló con las emociones y si queremos llevarlo al terreno de lo racional, sólo basta apostar para verificar si la respuesta es o no racional.
Así, aunque suene duro, la toma de decisiones es una apuesta, por cuanto lo que hacemos es decidir hoy sobre una situación que en un futuro no sabremos como se resolverá. Es decir enfrentamos incertidumbre, ya que aunque sepamos que pueden darse un determinado número de escenarios y los costos o beneficios que se asocia a cada uno de ellos, nos es difícil saber cuál es la probabilidad de ocurrencia de cada uno y mucho menos sabemos cuál de esos escenarios se dará finalmente: al decidir estamos apostando a que un escenario determinado se dará. ¿Podríamos entonces tomar emocionalmente las decisiones, si tiene características como las anteriores?.
Para ejemplificar, consideremos que tenemos la posibilidad de hacer o no un proyecto de negocio. Ese proyecto podría tener un muy buen, regular o mal desempeño (estado posibles) y podemos saber con exactitud que implica desde el punto de vista de resultado económico el que se dé cada uno de esos estados, pero no sabemos con que probabilidad se puede dar cada uno. El problema de asignarle probabilidad de ocurrencia, se resuelve en alguna medida con la información para tomar la decisión, lo que nos lleva a generar en nuestra cabeza, una creencia respecto a la probabilidad de ocurrencia de cada escenario o estado.
Esa creencia, como ya dijimos está influenciada siempre por nuestras conjeturas y paradigmas que nos llevan a interpretar la información disponible, de modo de que estamos en condiciones de asignar una probabilidad subjetiva a la ocurrencia de cada estado. Esta probabilidad cambiará evidentemente, si tenemos nueva información disponible y ello podría llevarnos a tomar una decisión distinta a la original de hacer o no el proyecto.
Podríamos decir, que el caso anterior es una decisión económica y fría, lo que justifica que sea racional, pero no así con otras decisiones, como por ejemplo la decisión de contraer matrimonio con una persona.
Me pregunto, ¿existe una decisión más importante que decidir mi vida futura en familia? Quizás para muchos lectores existan otras de mayor importancia, pero para otros, como para mí, es una de las más importantes, sino la más importante. ¿Podríamos dejar esta decisión en manos de las emociones? Me parece muy riesgoso.
Tal y como el proyecto de negocio, el matrimonio podría ser exitoso o un fracaso. Los costos del fracaso en este caso, son extremadamente altos, por lo que el ejercicio racional, es lo que debe dominar la decisión. Las personas buscan información y tratan de proyectarse con su pareja y por ello pololean y conocen a su familia antes de comprometerse, de modo de establecer racionalmente una probabilidad de éxito a ese matrimonio.
Mientras más importante es la decisión, más importante el proceso racional que debemos seguir, pues si nos equivocamos el costo será muy alto. Debemos entender que estamos apostando y jugando mucho en cada una de estas decisiones. Por lo tanto si nos dejamos llevar por nuestras emociones al decidir, nos transformamos en tomadores de decisiones que comenten errores irresponsables.
Los emprendedores sabemos que no puede tener éxito quien no comprende que para ello deberá equivocarse. Por eso mismo debemos aprender a tomar decisiones y comprender que el error seguirá siendo la principal fuente de aprendizaje.
Antes de tomar una decisión debemos tener conciencia de cuáles serán los beneficios si la decisión tomada es correcta, pero también cuáles serán los costos si así no fuese. Debemos asumir responsablemente las consecuencias si nos equivocamos y aprovechar la oportunidad para demostrar que somos capaces de levantarnos cada vez que nos equivocamos, con el activo del aprendizaje que nos permitirá enfrentar mejor las próximas decisiones.
Mario A. Morales Parragué
Académico
Departamento de Control de Gestión y Sistemas de Información
Facultad de Economía y Negocios
Universidad de Chile